Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí.
—¿Sabes que tu cara se parece a la de uno que vale 2.000 dólares?
—Sí, pero tú no te pareces al que los va a cobrar.
Hay dos clases de hombres: los que tienen una pistola cargada y los que cavan. Tú cavas.
—Eres un maldito bastardo, hijo de mil padres.
─ Sí, yo también te extrañaré.
Cuando tengas que disparar, dispara... no hables.
Cada revolver tiene su voz, y yo esa la conozco.
Nunca he visto morir tan estúpidamente, ¿qué te parece?
—Eh, Rubio, ¿sabes que esta vez podríamos morir los dos?
—Si, claro, pero sería mucho peor si muriera uno solo, el otro no podría
encontrar nunca el dinero. Y sería una verdadera lástima.